Reforma
Martes, 9 de noviembre de 2021, 7:40
La aplicación del banco le pedía un concepto para la transferencia, y Javier llevaba casi un minuto con el dedo encima del teclado, sentado en el coche en el aparcamiento del almacén, con el motor en marcha solo por la calefacción. En el campo de arriba ya había escrito la cantidad, 2.000 euros, y la cuenta de origen era la de ahorro, la común, la que tenía los dos nombres. Probó a escribir "bitcoin" y lo borró. Probó "inversión" y también lo borró.
Escribió "reforma" y le dio a enviar antes de pensárselo otra vez.
Luego hizo otra, de mil euros, desde su cuenta, la de la nómina, y esa vez no le costó nada elegir el concepto porque no tenía que explicárselo a nadie. Tres mil euros en total. Era más de lo que había pensado la noche anterior y bastante menos de lo que había llegado a imaginar a las dos de la madrugada, cuando hacía cuentas en el sofá con el tres por ciento de Rubén todavía rondándole la cabeza.
La noche anterior había buscado, cómo no, si era buen momento. Había leído que sí, porque "la tendencia es alcista y quedan pocos bitcoin por minar", y había leído que no, porque "el mercado está sobrecalentado y la codicia está en niveles extremos", en dos artículos publicados el mismo día y a veces por la misma web. El índice de miedo y codicia marcaba 75. Le escribió a Dani a la una, y Dani, que estaba en mitad del turno, le contestó con dos frases que Javier leyó muchas veces y a las que no hizo mucho caso:
"Nadie sabe si es buen momento, tío. Si entras, entra con dinero que no vayas a necesitar."
La primera compra
El dinero tardó en llegar a la plataforma hasta pasadas las once. Javier lo supo porque se pasó la mañana sacando el móvil del bolsillo cada diez minutos, en el muelle de carga, en la reunión de turno, en el pasillo de las baterías, y cuando por fin apareció el saldo, tres mil euros exactos en una pantalla blanca que no se parecía en nada a la del banco, sintió algo muy parecido a lo que sentía de pequeño antes de tirarse del trampolín de la piscina municipal.
Se metió en el cuarto de las taquillas, que a esa hora estaba vacío, y se sentó en el banco de madera con el móvil entre las dos manos. Pensó en los dos mil euros de la cuenta común, en la palabra "reforma" que había escrito tres horas antes y en lo fácil que sería devolverlos esa misma tarde, sin que nadie se enterara nunca de nada. Pensó también en su padre, que no había comprado un solo euro de nada en toda su vida y que aun así lo había perdido todo. Y pensó, sobre todo, en la línea verde del móvil de Rubén.
El precio estaba cerca de 67.500 dólares, otra vez en máximos. Pulsó comprar, confirmó, volvió a confirmar cuando la aplicación le preguntó si estaba seguro, y en la pantalla apareció una cifra con muchos decimales: 0,0513 BTC. Se quedó mirándola un rato. Era muy poca cosa escrita así, un cero y una coma y un montón de números, y al mismo tiempo era la primera vez en su vida que tenía algo que se movía mientras él lo miraba.
Y se movía hacia arriba. A la hora de comer iba ganando un uno por ciento, treinta y pico euros, y Javier, que llevaba catorce años cobrando lo mismo por organizar turnos, se sintió durante toda la tarde un poco más listo que el resto del almacén. No se lo dijo a nadie. Solo le escribió a Dani, a las cuatro:
"Ya estoy dentro."
La respuesta tardó un rato, porque Dani a esa hora dormía.
"Bien. ¿Cuánto y de dónde?"
Javier contestó a la primera pregunta. La segunda la dejó sin contestar, y Dani, que era listo, tampoco volvió a hacerla.
La cena
Nuria llegó de urgencias a las nueve y media con la cara que se le ponía los días de muchos avisos, y cenaron los tres en la cocina, tortilla de patatas y lo que quedaba de ensalada. Lucía contó que el viernes tenía partido contra el colegio de las monjas y que la entrenadora la iba a sacar de titular. Javier dijo que iría. Nuria dijo que ella tenía turno de tarde, pero que si podía cambiarlo lo cambiaba.
—Por cierto —dijo Nuria, recogiendo los platos—, en marzo vence el depósito. He pensado que podríamos dejar una parte para el verano. Hace tres años que no vamos a ningún sitio, y a mi madre le haría ilusión ir a Asturias.
—Claro —dijo Javier—. Me parece bien.
Lo dijo con el móvil bocabajo encima de la mesa, junto al salero. No lo miró hasta que Nuria se fue a duchar, y cuando lo miró seguía en verde.
Los días siguientes
Esa misma noche, pasadas las doce, bitcoin cerró por debajo de lo que había pagado. No mucho, un uno por ciento, casi nada; Javier se dijo que era normal y lo era. El miércoles bajó un poco más y el viernes, en el partido de Lucía, en la grada de un polideportivo que olía a goma y a sudor, lo miró tres veces antes del descanso. Perdía ciento y pico euros. Lucía metió dos canastas en la primera parte. Javier aplaudió las dos.
El sábado por la mañana, mientras hacía la compra en el súper con la lista de Nuria, le llegó un mensaje de Rubén al grupo de la familia. Era una captura de la plataforma del tres por ciento, con un saldo en verde y una columna de pagos diarios, uno debajo de otro, todos iguales, sin fallar ni uno. Debajo, un emoticono de un cohete. Carmen contestó con tres corazones. Pilar no contestó nada.
Javier se quedó mirando la captura en el pasillo de las conservas, con una lata de atún en cada mano. Él perdía ciento y pico euros comprando algo de verdad, y su cuñado cobraba todos los días por algo que, según Dani, no existía. Pero no se lo dijo a nadie, porque para decírselo habría tenido que contar primero lo suyo.
Aquel martes bitcoin cerró en 66.954 dólares, un uno por ciento por debajo de la víspera. Nadie en el mundo sabía todavía que el cierre del lunes, 67.562, sería el más alto en mucho tiempo, y Javier, desde luego, tampoco.
Lo que sí sabía, porque llevaba años viéndolo llegar sin prestarle atención, era que el extracto de la cuenta común llegaba a los dos correos, al suyo y al de Nuria, el primer día de cada mes.
Lo que era real en este episodio
Javier es inventado; su fecha de compra, no. El 9 de noviembre de 2021 bitcoin cerró en 66.954 dólares, un día después del cierre diario más alto de todo ese ciclo (67.562, el lunes 8), con el índice de miedo y codicia en 84, codicia extrema [1]. Ese día el Banco Central Europeo fijó el euro en 1,1577 dólares [2], así que los 3.000 euros de Javier eran unos 3.473 dólares, algo más de 0,051 bitcoin antes de comisiones. El miércoles 10 cerró en 64.977 dólares; el viernes 12, en 64.255.
Los dos titulares que lee Javier la víspera, uno diciendo que sí y otro que no, son ficción, pero el dilema no: el 8 de noviembre el índice marcaba 75 y bitcoin cerró ese día en 67.562 dólares, el máximo del ciclo. Qué ocurrió después con ese precio, y cuánto tardó en volver a verse, está en nuestro histórico del Score de noviembre de 2021 y en los meses siguientes.
Corrección (6 de octubre de 2026): las cifras de precio con fecha de este artículo salían de nuestra serie de precio y estaban desplazadas un día: el valor que guardábamos como cierre de un día era el del anterior. Ya están corregidas. Explicamos qué pasó en el historial de versiones del Score.
Fuentes
- Alternative.me: Crypto Fear & Greed Index, valores del 8 y el 9 de noviembre de 2021. Primaria (es quien publica el índice).
- Banco Central Europeo: tipos de cambio de referencia del euro, USD, 9 de noviembre de 2021. Primaria.
Los precios son cierres diarios de nuestra propia serie de BTC/USD.
Última actualización: 6 de octubre de 2026