Ilustración en gouache de una cocina a oscuras de madrugada: un hombre en camiseta, con la cabeza apoyada en la mano, mira el móvil, que le ilumina la cara, junto a una taza; por la ventana, en el edificio de enfrente, solo hay una ventana encendida
Ilustración propia generada con IA (ChatGPT). Ficción: no representa una escena real.

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Sábado, 22 de enero de 2022, 9:40

Lucía desayunaba los sábados más tarde que el resto de la semana y con más ceremonia, un tazón de cereales enorme y el móvil apoyado en el cartón de la leche, y ese día llevaba un rato mirando a su padre por encima del tazón. Javier estaba de pie junto a la encimera, con el café sin tocar, leyendo en el móvil titulares que decían más o menos lo mismo con verbos distintos: bitcoin se desploma, bitcoin se hunde, bitcoin pierde la mitad de su valor desde noviembre. Nuria dormía, porque había salido de una noche y esa misma noche entraba en otra.

El jueves bitcoin había cerrado por encima de los cuarenta mil dólares, el viernes se desplomó y el sábado seguía bajando. Sus tres mil euros se habían quedado en poco más de la mitad, contando las dos mitades, la de la plataforma y la del cajón de los calcetines. No había vendido nada en dos meses, ni la semana en que abría la aplicación a todas horas ni la noche en que rebuscó en el contenedor del portal, y ahora eso ya no le parecía paciencia sino una forma lenta de equivocarse.

—Papá.

—Dime.

—¿Estás triste por el dinero?

Javier levantó la vista del móvil. Lucía no se la bajó.

—No, hija. Es que he dormido mal.

Ella asintió, como asentía en el coche después de los partidos, y siguió con los cereales.

La comida

Los sábados de enero se comía en casa de Carmen, que había decidido que después de las fiestas la familia se dispersaba demasiado. Rubén llegó tarde, como siempre, y antes de sentarse ya estaba enseñando el móvil. En la pantalla, la plataforma del tres por ciento con su columna de pagos diarios, uno debajo de otro, todos iguales. Ni un día sin cobrar, ni siquiera esa semana, con bitcoin cayendo por todas partes.

—Esto es lo que os decía —dijo, sirviéndose vino—. Que el mercado suba o baje, a mí me da igual. Ellos operan, yo cobro. El que tiene bitcoin a pelo ahora mismo está llorando, ¿eh?

Nadie contestó, y Pilar se quedó mirando el plato. Carmen le sirvió a Rubén más patatas de las que había pedido, y Lucía, sentada enfrente, miró a su abuela y luego a su tío y no dijo nada, porque desde Nochebuena había aprendido a no decir nada en esa mesa.

Dani, que había venido directo del turno de noche y tenía los ojos rojos, dejó el tenedor en el plato.

—¿Y has sacado algo, papá? Algo de verdad, a tu cuenta.

—¿Para qué voy a sacar, si me paga todos los días?

—Por eso.

Rubén se rio y cambió de tema, y la comida siguió por donde siguen las comidas, el frío, la cuesta de enero, la rodilla de Carmen. Pero Javier se quedó con la pantalla de su cuñado en la cabeza, con aquella columna de pagos que no fallaba nunca, y por primera vez desde octubre se le ocurrió una idea que le dio vergüenza tener. ¿Y si el listo era Rubén? ¿Y si el tonto de la mesa era el que había comprado lo de verdad?

Se la guardó, como se guardaba ya casi todo.

La noche

Nuria se fue al hospital a las diez. Lucía se durmió en el sofá viendo una película y Javier la llevó en brazos hasta la cama, cosa que ya casi no podía hacer, y se quedó un rato en la puerta del cuarto mirándola, con el móvil en el bolsillo como una piedra.

Luego se sentó en la cocina. Leyó un hilo entero de un foro en el que alguien contaba que lo había vendido todo esa tarde y que por fin podía dormir, y cincuenta respuestas debajo llamándole cobarde o dándole la enhorabuena, más o menos a partes iguales. Leyó un artículo sobre otras caídas, que tardaban meses o años en recuperarse, y se acordó de su padre, que había esperado meses a que Suministros Albero le pagara. El índice de miedo y codicia marcaba 13. Nunca lo había visto tan bajo.

Después hizo cuentas, que era lo que hacía siempre cuando estaba nervioso. El extracto de la cuenta común había llegado el día 1 a los dos correos, con la palabra "reforma" dentro, y Nuria no había preguntado por él, igual que en diciembre. Pero ya eran dos meses. Los dos mil euros seguían sin volver a su sitio, y en marzo vencía el depósito, y Nuria quería ir en verano a Asturias con su madre. Si aquello seguía bajando, pensó, en marzo no iba a quedar ni para la gasolina.

La otra mitad, la del aparato negro, ni la miró. Estaba en el cajón de su mesilla, debajo de los calcetines, con la circular de la derrama doblada dentro del libro de instrucciones, y para saber cuánto valía habría tenido que sacarlo todo, enchufarlo y buscar el cable, a oscuras, en un dormitorio vacío. Le dio pereza. Le dio, sobre todo, algo parecido a la vergüenza.

A las doce apagó la luz de la cocina y se fue a la cama, y no se durmió.

Domingo, 3:40

Se levantó sin hacer ruido, aunque no había nadie a quien despertar salvo Lucía, y volvió a la cocina sin encender la luz del pasillo. Se sentó en la misma silla. La nevera zumbaba y en la ventana del edificio de enfrente había una sola luz encendida, en el cuarto piso, y Javier pensó sin querer que alguien más estaba mirando lo mismo que él.

Abrió la aplicación.

En la plataforma solo quedaba la mitad que no había pasado a la cartera, algo más de 0,025 bitcoin. Le había costado unos mil quinientos euros. La pantalla decía que ahora valía alrededor de ochocientos, y debajo, en rojo, un porcentaje que casi llegaba a la mitad. Se quedó un rato mirando esa cifra con la misma cara con la que había mirado todas las anteriores.

Pulsó en vender.

La aplicación le preguntó cuánto. Javier escribió la cantidad, despacio, comprobando cada decimal como había comprobado la dirección de la cartera en diciembre, y el botón de abajo se iluminó en azul.

Pulsó continuar.

En el salón, la tablet seguía enchufada en el mueble de la tele, pasando las fotos del álbum compartido como cada noche desde que Lucía la configuró. Pasó un vídeo de baloncesto del polideportivo, con la imagen congelada en el primer fotograma. Pasó la tarta de los setenta de Carmen, con las velas todavía encendidas. Pasó una hoja doblada con veinticuatro palabras en mayúsculas, escritas por detrás de la circular de la derrama.

En la cocina, Javier esperaba a que la pantalla terminara de cargar. En el salón no había nadie mirando.

Lo que era real en este episodio

Javier es inventado; el fin de semana, no. El sábado 22 de enero de 2022 bitcoin cerró en 35.071 dólares, un 48 % por debajo de los 67.562 del 8 de noviembre, con el índice de miedo y codicia en 13. El domingo 23 rebotó hasta 36.281, pero el índice bajó a 11 [1]. Desde que empezó a publicarse, en febrero de 2018, hasta ese domingo, solo 31 de 1.449 días habían marcado 11 o menos.

No era la primera caída así. Con nuestra serie de cierres diarios, estas son las veces que bitcoin ha caído más de un 50 % desde un máximo, cuánto tardó en tocar fondo y cuánto tardó en volver a cerrar por encima de ese máximo:

Máximo (cierre) Mínimo (cierre) Caída Días hasta el mínimo Días hasta superar el máximo
10/06/2011, 33,8 $ 21/11/2011, 2,3 $ −93,2 % 164 630
09/04/2013, 231 $ 16/04/2013, 68 $ −70,6 % 7 210
04/12/2013, 1.137 $ 14/01/2015, 172 $ −84,9 % 406 1.177
16/12/2017, 19.280 $ 15/12/2018, 3.232 $ −83,2 % 364 1.080
13/04/2021, 63.554 $ 20/07/2021, 29.790 $ −53,1 % 98 189
08/11/2021, 67.562 $ 21/11/2022, 15.760 $ −76,7 % 378 847
06/10/2025, 124.777 $ 30/06/2026, 58.534 $ −53,1 % 267 sin superar a 30/09/2026

La tabla se lee con una cautela: en cada fila, el día del mínimo solo se conoce después. El 22 de enero de 2022 la caída que empezó en noviembre llevaba un 48 % y todavía le quedaban diez meses y mucha más bajada, y nadie en ese momento lo sabía. Tampoco se sabía, en ninguna de las otras filas, que el máximo acabaría recuperándose, y en la última todavía no ha ocurrido. Son siete episodios de un solo activo, pocos para sacar una regla.

Cómo se ven desde dentro esos fondos, con qué datos se ha intentado reconocerlos y dónde han fallado esos intentos, lo contamos en techos y suelos de bitcoin y en cómo comprobar una capitulación con datos on-chain. Las cifras de aquel fin de semana están en nuestro histórico de enero de 2022.

Fuentes

  1. Alternative.me: Crypto Fear & Greed Index, valores del 22 y el 23 de enero de 2022 y serie histórica desde el 1 de febrero de 2018. Primaria (es quien publica el índice).

Los precios, las caídas y los plazos son cálculos sobre nuestra propia serie de cierres diarios de BTC/USD.

Última actualización: 1 de noviembre de 2026