Ilustración en gouache de una noche lluviosa frente a un portal: un hombre en pijama de cuadros, con abrigo y zapatillas de casa, se inclina sobre un contenedor azul de papel alumbrándose con el móvil y sujeta unos papeles contra el pecho; al fondo, una vecina pasea a un perro
Ilustración propia generada con IA (ChatGPT). Ficción: no representa una escena real.

El contenedor azul

Sábado, 4 de diciembre de 2021

—Te ha llegado un paquete —dijo Nuria desde el pasillo, con el abrigo todavía puesto—. Lo había dejado el repartidor en el bajo, en casa de Maribel.

Era una caja pequeña, más o menos del tamaño de un paquete de tabaco, envuelta en plástico de burbujas y con una pegatina de aduanas que Javier arrancó enseguida. Dentro había un aparato negro con una pantalla diminuta y dos botones, un cable, y un sobre con dos tarjetas de cartón en blanco con veinticuatro líneas numeradas. La había comprado en una oferta de finales de noviembre, después de tres noches leyendo. Dani le había dicho que dejar los bitcoin en la plataforma era como dejar el coche aparcado con las llaves puestas: casi siempre no pasa nada.

—¿Qué es? —preguntó Nuria.

—Un disco duro. Para las fotos.

Nuria le miró un segundo de más, igual que había mirado a su madre en la cena de los setenta, y se fue a quitarse el abrigo. Ese fin de semana le tocaban noches. Llevaba unos días callada, con la cabeza en otro sitio, y Javier lo atribuyó al turno.

El miércoles, además, había llegado el extracto de la cuenta común a los dos correos. Ahí estaba su transferencia de dos mil euros y la palabra "reforma" en el concepto. Nuria no había dicho nada, y Javier no sabía si eso era una buena noticia.

Las veinticuatro palabras

El precio llevaba todo el día cayendo. Por la noche, cuando Nuria ya se había ido al hospital y Lucía estaba encerrada en su cuarto con los cascos, bitcoin estaba muy por debajo de los cincuenta mil dólares. Los tres mil euros eran unos dos mil doscientos cuarenta. Javier se sentó en la mesa de la cocina con el aparato, el móvil y un bolígrafo, y le escribió a Dani.

"Me ha llegado la cartera. ¿Lo paso todo?"

"Prueba primero con una parte. Y apunta las palabras en papel. En papel, tío. Nada de fotos, nada de notas en el móvil, nada de nube. El que tenga esas palabras tiene tus bitcoin."

Javier decidió pasar la mitad, "para probar", y dejar la otra mitad donde estaba. Encendió el aparato y siguió las instrucciones de la pantalla, que eran muy pocas y muy claras, hasta que apareció la primera palabra. Buscó las tarjetas de cartón y no las encontró; se le habían quedado en el sobre, en el cuarto, y no quería despertar a Lucía rebuscando. Así que cogió el primer papel del montón del mueble de la entrada. Era una circular de la comunidad de vecinos sobre la derrama del ascensor, le dio la vuelta y empezó a copiar.

Eran palabras corrientes en inglés, de las que se aprenden en el colegio, y eso le desconcertó. Apuntó la primera, la segunda, la tercera, con la letra de mayúsculas que usaba para los albaranes, y a partir de la décima dejó de pensar en lo que significaban. El aparato le pidió luego que confirmara algunas, en desorden, y Javier las fue buscando en el papel con el dedo.

Después vino la parte difícil, que fue la de sacar dinero de la plataforma por primera vez. Le pidió un código por SMS, otro por correo y una confirmación desde la aplicación, y cobró una comisión que no se esperaba. Javier copió la dirección de la cartera y la comprobó carácter a carácter. A las once y cuarto de la noche mandó la mitad de lo que tenía, algo más de 0,025 bitcoin, a un aparato negro que cabía en la palma de la mano. Tardó casi una hora.

Cuando por fin llegó, se quedó mirando la circular de la derrama encima de la mesa. Pensó en todo lo que podía pasarle a un papel. Un vaso de agua, un despiste, una mudanza.

Sacó el móvil y le hizo una foto. Por si acaso.

La foto se subió sola a la nube, como todo lo que hacía con ese móvil desde que Lucía le configuró la cuenta. Igual que los vídeos de los partidos que luego veían los tres en la tablet del salón.

Domingo, 5 de diciembre

El domingo bitcoin seguía por debajo de los cincuenta mil. El índice de miedo y codicia, que un mes antes marcaba codicia extrema, marcaba 18, miedo extremo. En los foros de nombres de animales se hablaba de capitulación y de invierno. Javier, que ahora tenía la mitad de sus bitcoin en un cajón, lo miró bastante menos que la semana anterior. Pero no porque se hubiera propuesto nada: estuvo toda la tarde en casa de Carmen arreglándole la cisterna.

Volvió a las nueve. Nuria había hecho limpieza general antes de irse al turno. Se notaba en el olor a lejía y en que el mueble de la entrada estaba, por primera vez en meses, vacío. El papel no estaba. Javier se quedó mirando el mueble con las llaves todavía en la mano.

—Lucía —llamó—. El montón de papeles de aquí.

—Mamá lo ha bajado todo al contenedor —contestó ella desde el sofá, sin levantar la vista del móvil—. Ha dicho que en esta casa no se tira nada nunca.

A las once y media de la noche Javier estaba en pijama, con el abrigo encima y las zapatillas de andar por casa, metido hasta el codo en el contenedor azul que había junto al portal, alumbrándose con la linterna del móvil. Olía a cartón mojado. Sacó cajas de pizza, tres catálogos de juguetes, un paquete entero de publicidad del supermercado y una hoja con el membrete del hospital que dobló sin leer y volvió a echar dentro. Pasó el vecino del cuarto con el perro y le dio las buenas noches como si fuera lo más normal del mundo ver a alguien así un domingo.

La circular de la derrama estaba casi al fondo, arrugada y con una esquina manchada de café. Estaba entera. Las veinticuatro palabras seguían ahí, en mayúsculas.

Javier se quedó un momento de pie junto al contenedor, respirando, con el papel contra el pecho.

Antes de dormir

Subió a casa. Metió el papel dentro del libro de instrucciones del aparato y guardó las dos cosas en el cajón de su mesilla, debajo de los calcetines. Luego se sentó en la cama y pensó que, total, tenía la foto, y que ya no hacía falta volver a pasar por algo así.

Pero la foto también le incomodaba. Le parecía que el móvil entero se había vuelto sospechoso. Hizo lo único que se le ocurrió para dejar de verla: sacó la aplicación de fotos de la pantalla de inicio y la metió en una carpeta de la última página, junto a la calculadora y la brújula, que no había usado nunca.

A la mañana siguiente ya no se acordaba de la foto. En la tablet del salón, que tenía la misma cuenta, estaba desde las 0:21 del domingo, entre un vídeo de baloncesto y la tarta del cumpleaños de su suegra.

Lo que era real en este episodio

Esta historia es inventada; las veinticuatro palabras son un estándar real. La mayoría de las carteras generan la frase semilla con la especificación BIP-39: entre 12 y 24 palabras sacadas de una lista de 2.048, de la que se derivan todas las claves de la cartera [1]. Con esas palabras se puede reconstruir la cartera en otro aparato, y quien las tenga puede mover los fondos, salvo que además exista una contraseña adicional que el propio estándar prevé.

La foto de Javier es el caso que más se repite en las guías de seguridad. Con la copia de seguridad activada, las fotos que se hacen desde el móvil se guardan en la cuenta en la nube y se pueden ver desde cualquier dispositivo en el que se haya iniciado sesión con esa cuenta [2]. Security Alliance, una organización sin ánimo de lucro del sector, incluye entre las formas de almacenamiento que desaconseja hacerle una foto a la frase y subirla a la nube, y describe como alternativas el papel, las placas de metal grabadas o estampadas, que aguantan mejor el fuego y el agua, varias copias en lugares separados y una contraseña adicional, que protege la frase a cambio de complicar la recuperación [3]. Qué pasa con esas palabras si falta su dueño es otra pregunta, y la tratamos en cómo planificar la herencia de tus bitcoin.

El sábado 4 de diciembre de 2021 bitcoin cerró en 49.254 dólares, con el índice de miedo y codicia en 25; el domingo 5, en 49.380 dólares y 18, miedo extremo [4]. Ese sábado había caído un 8,3 % desde el cierre del viernes (53.714), un 12,8 % en dos días, y un 27 % desde el máximo del 8 de noviembre.

Fuentes

  1. Bitcoin Improvement Proposals: BIP-39, Mnemonic code for generating deterministic keys (en inglés). Primaria.
  2. Google, Ayuda de Google Fotos: Crear una copia de seguridad de fotos y vídeos. Primaria.
  3. Security Alliance (SEAL): Seed Phrase Management (en inglés). Secundaria: guía de una organización del sector, no de un organismo oficial.
  4. Alternative.me: Crypto Fear & Greed Index, valores del 4 y el 5 de diciembre de 2021. Primaria (es quien publica el índice).

Los precios son cierres diarios de nuestra propia serie de BTC/USD; puedes comprobarlos en nuestro histórico de diciembre de 2021.

Última actualización: 18 de octubre de 2026